Si quieres disfrutar del magnífico y único saber de la centolla gallega, lo que tienes que hacer es pasarte por nuestro restaurante y saborear los platos que salen de nuestras cocinas. Te aseguramos que su sabor es único y que no querrás para de comer.

Sin embargo, no en todos los restaurantes encontrarás la calidad de producto que tenemos en el nuestro, ya que vienen directamente de las lonjas gallegas. Por eso, es importante saber diferenciar las auténticas centollas gallegas a las foráneas. No se sólo se hay una gran diferencia en el precio, sino también en su sabor.

Diferencias visuales

Una de las características que podemos tener en cuenta para poder diferenciar las centollas es el color de su caparazón. La centolla foránea tiene un caparazón con unos tonos rojizos muy tenues, mientras que la gallega tiene un color pardo oscuro.

Fijándonos en sus patas y uñas podemos ver cómo la centolla gallega tiene unas patas largas, que terminan en unas afiladas uñas. Sin embargo, la francesa tiene las patas más cortas y las uñas son más redondeadas.

Algas y vello en el caparazón es otra de las características que podemos observar en la centolla gallega, ya que su caparazón está cubierto de algas y vellosidades, de lo que carece la foránea.

¿Por qué tienen un sabor diferente?

Debemos tener en cuenta que la calidad de las aguas gallegas es inmejorable debido a la entrada de agua en las costas procedente del interior del océano. Esta agua llega lleno de nutrientes y a bajas temperaturas, un fenómeno conocido como “afloramiento”. Este movimiento de agua se produce debido a la acción de los vientos dominantes en el litoral gallego.

También, la diferencia de sabor se produce a que muchas de las centollas foráneas proceden de piscifactorías, donde su alimentación y calidad de agua deja mucho que desear respecto a las centollas que viven en libertad en el océano.