Estamos en un momento donde las calles están frías y el viento corre helado. Por eso, apetece comer algo calentito para templar el cuerpo. Y… ¿Qué mejor que unos deliciosos callos a la gallega? No son los típicos que puedes encontrar en la Plaza Mayor, tienen su propia receta. Hoy te queremos hablar de ellos.

Callos a la gallega

Lo primero de todo, hay que decir que se trata de un plato muy típico en la gastronomía gallega que se solía preparar en las fiestas familiares, sobre todo en épocas de escasez en las que el hambre estaba, por desgracia, muy presente. Por eso, para la elaboración de este plato se empleaban las partes de la ternera y el cerdo que eran nombradas como las “peores” de estos animales siendo, por tanto, su precio bastante bajo. Con escasez o no, y con productos que no eran de “primera calidad” hay que decir que se trata de un plato para quitarse el sombrero, no solo por su delicioso sabor sino porque calentaba el cuerpo cuando no había muchos medios para ello.

Para elaborar este delicioso manjar, los callos con garbanzos se empiezan a elaborar el día anterior. Lo primero que se hace es poner en remojo (agua templada) los garbanzos, la pata de ternera y la panza ya limpias. Todo esto se pone en un barreño con agua al que hay que añadir un chorro de vinagre.

Al día siguiente, se coloca una cazuela a fuego medio, añadiendo la panza, la pata de tercera, los chorizos, una cebolla entera pelada y una cabeza de ajo entera y con su piel, se cubre todo con agua y se agrega sal. Cuando hierva, hay que bajar el fuego a un nivel bajo para cocinarlo todo. A la media hora hay que sacar los chorizos y las carnes (una vez que estén blandas). Este proceso puede durar entre dos horas y dos horas y media aproximadamente.

Por eso, si no quieres tirarte todo el día en la cocina… lo único que tienes que hacer para disfrutar de este delicioso plato es venir a nuestro restaurante y saborearlo de la mano de nuestros expertos cocineros. ¡Te esperamos!